jueves, 29 de diciembre de 2011

Sanando la mente a través del Amor



http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/amor-dele-estimulo-curacion-psiquica-susu-1292669

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Re-nacer en Navidad

martes, 27 de diciembre de 2011

Carta abierta a un adolescente - Mónica de Felipe

Por:

Querid@ adolescente:

 Permíteme que me dirija a ti sin habérmelo pedido. Será solo un minuto. No te voy a dar un sermón, de esos que, si has tenido suerte y has compartido tiempo con adultos preocupados por ti, te habrán soltado más de diez veces. No. Lo que yo quiero decirte es otra cosa. Verás. Lo que quiero decirte es que la adolescencia es una etapa más de una larga serie de etapas en la vida. Que toda tu vida no va a ser siempre como ahora.  Que en algún momento esta sensación de vacío, frustración o miedo desaparecerá y que te sentirás libre para decidir el camino de tu vida. Que con el tiempo entenderás las reglas de juego del mundo adulto y podrás jugar como los demás. 

Quiero que sepas que quien tú eres en realidad no tiene que ver con las notas o rendimientos académicos que hayas cosechado o recibido en tu vida. Tanto si has sido un estudiante ejemplar, como si te has habituado a los suspensos y las repeticiones, me gustaría que supieras que tú no eres esas notas. Tú, el potencial que espera en tu interior, es enorme. Tienes toda la vida por delante, tienes tu potencial por desarrollar y tienes la energía y vitalidad para hacerlo. 

Desde bien pequeños, en casa y en la guardería, hay unos adultos que deciden por ti durante muchas horas al día; después, en el colegio, se te ha pedido que hagas las cosas como los profesores te piden: desde rellenar el dibujo por el interior sin salirte, hasta memorizar determinadas fechas o aplicar algunas fórmulas de matemáticas. Y a esto lo hemos llamado educación y los mayores le hemos dado mucha importancia. Tanta que, quizá,  te haya parecido que el resto de tu vida depende de aprobar exámenes.  Y puede ser importante aprobar exámenes si quieres estudiar una carrera determinada; pero puede que no seas tú el que has fracasado, puede que el sistema educativo no haya sido capaz de reconocer el talento individual que tienes. Ahora, hay un psicólogo, que acaba de ser Premio Príncipe de Asturias, que ha desarrollado una teoría denominada de las inteligencias múltiples en la que refuta la idea general de que solo hay un tipo de inteligencia que puede ser cuantificada por un número. Ahora sabemos que hay varios tipos de inteligencia y que el sistema educativo sólo reconoce unas pocas de ellas. Así que quizá tu inteligencia sea de otro tipo.  Howard Gardner, que es como se llama el psicólogo, indica que, como mínimo, tenemos ocho tipos diferentes de inteligencias: musical, cinético-corporal, lógico-matemática, lingüística, espacial, interpersonal, intrapersonal y de relación con la naturaleza. Si te fijas, en el instituto no valoran tu capacidad de empatía o comprensión con el otro o tu sensibilidad medioambiental o si eres un hacha en los deportes. La educación tradicional se fundamenta en la inteligencia lógico-matemática y lingüística. Durante toda tu vida ha habido adultos que han evaluado tus méritos y conocimientos sobre estas materias y tú has terminado teniendo una idea de ti basada en estos cálculos. Relájate, porque la vida es mucho más grande que el sistema educativo. 

Durante toda tu vida te han dicho lo que está bien y lo que está mal, cómo hacer las cosas y qué debías hacer. La adolescencia es un periodo extraño porque de repente esos mismos adultos, sin más, te exigen que seas tú quien tomes las decisiones correctas (que son las que a ellos les parecen mejor). Te diré algo, los adultos no lo hemos hecho tan bien. No tienes más que ver qué mundo te hemos dejado: un mundo contaminado, sin grandes valores ni ideales, con pobreza y hambre y, ahora, con una crisis económica galopante. 

Quiero que sepas que entiendo tu inseguridad, tu inconformismo e, incluso, tu pasividad.  Cuando yo era joven, un sociólogo (de cuyo nombre no quiero acordarme) nos llamó la generación X. Éramos, según él, una generación perdida, sin valores, pasotas y hedonistas. Ahora os llaman generación ni-ni. Ni estudias ni trabajas. Puede que no sea tan mala idea (como una actitud rebelde a un sistema profundamente enfermo). Pero le pondría una puntualización, si me lo permites. No pierdas tu tiempo, porque la vida no espera. No formar parte de la masa para ser un peón más de los poderosos, puede ser una actitud digna, siempre y cuando sepas qué quieres hacer con tu vida y hacía donde te dirigen tus pasos. Porque la rebeldía no puede llevar como contrapartida la dejación de vivir. Tener objetivos es vital para vivir una existencia plena.  Piensa, por favor, que tu presencia es valiosa y que necesitamos tu visión para progresar. Elije un objetivo, una pasión, un motivo por el que vivir y aférrate a él.  La vida te está pasando ahora. No la hagas esperar.

Te necesitamos, seas quien seas que estás leyendo esta carta, te necesitamos. El mundo te necesita porque cada voz es única y tú estás aquí para unir tu voz al resto de la Humanidad y hacer de este mundo un hogar mejor para todos. No te creas que no es importante lo que pienses y sientas, ni consideres que tus ideas son utopías sin fundamento. Puede que ahora sean utopías, pero, quizá en el futuro sean las bases de una nueva realidad. 

Y ahora, ámate profundamente, porque con tus sueños construiremos un futuro mejor.

sábado, 24 de diciembre de 2011

El padre también está en duelo - El Confidencial

Por: Cristina Silvente

Perder un bebé antes de nacer o alrededor del nacimiento es una experiencia devastadora, no sólo por la pérdida en sí de todo un plan de futuro, de unas ilusiones, de un amor que se queda sin dar en el vacío más inmenso de unas manos abiertas, sino por la falta de apoyo social, de aceptación de que ésta es una pérdida, como la muerte de cualquier otro familiar o amigo/a, y necesita también del cariño del entorno.

Y quizá por esa falta de comprensión, toda la atención (a veces equivocada por las maneras) se fija en la madre, que es la que lo sufre físicamente. Y nadie tiene en cuenta al bebé, si ha nacido vivo, y mucho menos al padre, o la pareja en caso de ser dos madres. En este artículo hablaremos en general de los padres, pero muchos aspectos son aplicables a las parejas mujeres, ya que cada vez son más las que se animan a aventurarse a entrar en la maternidad juntas.

El padre también está en duelo. Y a veces un duelo muy diferente ya que tiene que sobrellevar básicamente dos cosas: la pérdida de su bebé y el cuidado de su mujer. Alguna vez ha peligrado incluso la salud de ésta última. A los padres se les suele pedir, y ellos mismos se sienten muchas veces responsables, el cuidado de ellas, con lo cual a veces es complicado dejar espacio al propio proceso de duelo.

Un proceso diferente, pero igual de doloroso

Existen diferencias de persona a persona en la manera en que hacemos frente a las pérdidas en la vida, y suele haber diferencias de género también. A grandes rasgos, y siempre teniendo en cuenta la individualidad, las mujeres solemos buscar más apoyo de otras personas y hablar una y otra vez de la pérdida, llorar, e incluso en ocasiones puede parecer que nos regodeamos en el dolor (nada más lejos), en un intento del cerebro por encajar lo sucedido.

Los hombres, por su parte, suelen buscar una solución al ‘problema’, les cuesta más expresar sus emociones y no suelen compartirlas o buscar apoyo de la misma manera que las mujeres. Es más común verlos salir de casa, hacer deporte, intentar ‘hacer’ más que ‘estar’. A la hora de buscar ayuda, y más de un profesional, lo suelen hacer más ellas. Aunque, como psicóloga, he tenido muy buenas experiencias cuando vienen ambos miembros de la pareja y se hace un seguimiento de los dos de forma conjunta.

Otro tema a tener en cuenta es que el hombre se tiene que incorporar muchas veces al trabajo antes, a no ser que se tramite una baja por depresión. Esto le obliga a adaptarse a su vida de antes de forma precoz, aunque en algunos casos sirva de descanso mental del dolor. Ya dependerá de lo realizado o no que se sienta en su trabajo el que el hecho de volver a su labor ayude o no a su proceso. Pero su incorporación podría incrementar la preocupación de dejar a su pareja sola en casa. También hace muchas veces de receptor de todas las preguntas sobre su mujer. Y a él, ¿nadie le pregunta?

Llevar ambos duelos, comprender al otro, o sentirse apoyado por la pareja puede ser una tarea difícil. Él puede ver como algo malo que ella se quede ‘estancada’ llorando por el bebé perdido, y ella puede creer que las ganas de salir de él y su mutismo ante el tema signifiquen que le importa menos. Los hombres y las mujeres por educación y desarrollo somos seres diferentes con necesidades diferentes. Los procesos de duelo suelen ser altibajos que van a ritmos desiguales. En estos casos, conocer cómo son las diferencias de género, o simplemente, tener un espacio donde hablar de cómo se siente cada uno y compartir dudas y miedos, puede ayudar mucho.

Ellos no pudieron 'conocer' al bebé

Los hombres no han tenido la experiencia física de sentir al bebé dentro, mientras que, dependiendo de las semanas de gestación, su presencia puede haber sido bastante notable para la mujer gestante. Esto puede crear sentimientos ambivalentes para él: o bien hacer más grande la pérdida por ser más abstracta, o bien tener cierta pena de no haber podido compartir esa experiencia con su mujer, no haber podido ‘conocer’ a su bebé.

Solemos recomendar ver al bebé muerto que estaba en gestación porque suele ser una acción que ayuda al proceso de duelo. Algunas veces, con la intención de proteger a la madre, erróneamente se la ha apartado de ello y, sin embargo, el padre sí ha podido verlo y despedirse en cierta manera. Este puede ser un punto por el cual él haya podido tener una evolución más serena.

El parto en sí o cualquier otro procedimiento médico puede ser traumático para ellos, bien porque pueden ver a su pareja sufrir y no poder hacer nada, o bien porque el proceso médico en sí les resulte desagradable. Ellos también necesitan información, saber qué hacer en estas circunstancias. El sentimiento de no tener control sobre la situación puede causar mucho dolor emocional. Algunos hombres se culpabilizan en silencio de ciertas decisiones que tuvieron que tomar en la soledad y con prisas. Otras veces se les aparta, cuando ellos también han perdido a su bebé, o pueden sufrir por no estar al lado de su pareja.

Igualmente importante es su miedo en los siguientes embarazos y partos. Pueden llegar a retrasar los intentos, o, al revés, ellos suelen estar dispuestos a tener otro hijo o hija antes. Pero también tienen miedo hasta que comprueban que todo va bien o sigue bien.

En cualquier caso, no deberíamos olvidarnos de ellos y sí conviene asegurarse que reciben la atención y el apoyo adecuados a sus circunstancias.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/blogs/psicologia-perinatal/2011/12/24/el-padre-tambien-esta-en-duelo-89818/

lunes, 5 de diciembre de 2011

Extracto de "El amor de tu vida" - Enriqueta Olivari


Sin importar qué edad tengamos, todos llevamos en nuestro interior a un niño herido. Ha sido herido por no haber sido amado, o por no haber recibido amor y cuidado del modo que él necesitaba.

Uno de los pasos fundamentales para crecer y poder amarnos a nosotros mismos es conocer a nuestro niño interior, y darle ese amor que tanto necesita.

De lo contrario, nos comportamos identificados inconscientemente con él, y esto afecta a nuestras relaciones de pareja, con los colegas de trabajo y amigos.

Saber diferenciar a ese niño interno de nuestra faceta adulta es imprescindible, sino esperamos que nuestra pareja o alguien más le cuide, y proyectamos en el otro a nuestro Padre o Madre. Y esto está destinado al fracaso, puesto que nadie puede darle a ese niño lo que necesita. Es nuestra responsabilidad hacerlo.

La mayoría de las veces que sentimos miedo, en realidad quien lo siente es nuestro niño interior. Conocer el origen de esos miedos es el primer gran paso para poder superarlos.
El niño interior tiene básicamente cuatro miedos:

Uno de ellos es el miedo a enfrentar. Teme que, al hacerlo, sea rechazado. Este miedo lleva a caer en patrones de víctima, o a ser cobarde, tímido, y a sentirse inferior a los demás.
Así que si percibes que no te animas a decir lo que quieres, lo que necesitas o lo que te disgusta, en realidad es tu niño interior quien te está limitando. Y si no enfrentas las situaciones desde tu adulto, y callas lo que de verdad necesitas decir, estás creando serias dificultades en tus relaciones personales, y te sentirás impotente e insatisfecho.

Otro miedo que el niño interior siente es el miedo al abandono. Esto lleva a sentir celos, a ser posesivo, y a tener la necesidad de manipular.

La única manera de superar este temor es garantizarle que tú siempre estarás con él, que le cuidarás y atenderás incondicionalmente, siempre.

El miedo a la pérdida que siente este niño nos lleva a sentir una profunda inseguridad. Para ocultar este miedo, nuestro ego se disfraza de lo opuesto, y entonces adoptamos una actitud agresiva, y podemos llegar a ser incluso fanáticos.

Y el miedo a la muerte que siente nuestro niño interior se transforma en desconfianza, egoísmo, apegos, fobias e histerias.

Al hacernos conscientes de cuál es el origen de nuestros miedos, podemos sanarlos desde la raíz, y para esto es imprescindible establecer una conexión amorosa y profunda con nuestro niño interior.

De este modo sanamos las heridas del pasado, y podemos crear para nosotros mismos realidades libres de inseguridades y bloqueos.


Enriqueta Olivari. Autora del libro "El amor de tu vida".
 www.sanatualma.com
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